E S T E
MARAVILLOSO
M U N D O
Capitulo 1
"Yo soy"
En sus años de vida, Adrian conocia muy poco del dinero con el que se manejaban las cosas en el cruento mundo que lo rodeaba, todo el tiempo era su padre quien se encargaba de llevar la comida a la mesa... o lo que quedaba de ella.
Adrian sabía que necesitaria dinero, buscó entre los restos de su casa, en los muebles llenos de polvo, piedras y una que otra cosa que no sabía como llegaban ahí. Buscó en todo lo que parecía mueble hasta encontrar en un pequeño cajón una cajita de madera, al abrirla encontró una moneda, más no era moneda mercantil, sino mas bien era una medalla, en ella se encontraba grabada la imagen de una familia, la mamá, el papá y un hijo varón; todos tenían un semicirculo dibujado alrededor de sus cabezas.
Adrian recordó que esa moneda la había visto antes, su padre la sostenia en momentos de tristeza. Adrian recordó que muchas veces su padre le había mencionado que esa moneda era muy valiosa así que, con esa creencia, Adrían creció.
El pequeño niño se sentía muy sólo, apenas el día de ayer su padre había muerto y la gente parecia haber olvidado lo que este hizo por ellos, pues nadie se preocupaba por atender al niño. Adrian, aun triste, se acostó sobre las sabanas tendidas en el suelo, en un cuarto que aun se mantenia en pie de su casa debastada por las atrocidades del mundo.
— Es hora de ir a la montaña
se puso de pie y caminó como si supiera exactamente a donde ir, estaba consiente de los peligro que podría correr haya afuera, pero de alguna manera, el recuerdo de su padre y sus enseñanzas lo hacian sentirse fuerte. Adrian caminó hasta los restos derrumbados del templo de la ciudad.
La iglesia era católica, en pie solo se mantenía el muro del fondo, justo atras del altar que igual se mantenía, antes había una cruz colgada, ahora alguien la había removido, tal vez la destruyeron. algunas bancas aun estaban acomodadas, totalmente llenas de polvo, el camino central de la capilla se econtraba despejado, Adrian caminó sin dificultad. Al llegar hasta el altar miró el lugar donde debía estar la cruz y rezó por un momento, tal y como su catequista Elena le había enseñado.
Al terminar se dibujó una cruz en el pecho y se levantó, caminó unos pasos y dejó caer su delgado cuerpo sobre una banca al frente de la capilla, quería recordar lo poco que Elena le había podido enseñar. Mientras recorría con su vista la iglesia, noto que una parte de la pared izquierda aun estaba de pie, en esta sección estaba un vitral que representaba a una famila, casi identica a la de la moneda de Adrian, con la diferencia de que el hijo del matrimonio parecía un adolecente y estaba de pie y no en los brazos de sus padres.
— Me pregunto ¿Quiénes son ustedes? Sé que deben ser personaje biblicos... ojalá la Señorita Elena me hubiera enseñado más — dijo Adrian mientras se acercaba al vitral para ver con más detalle — Como son personajes biblicos, lo más probable es que ustedes hayan sido buenos, les puedo pedir un favor? Ayudenme con mi viaje, quiero ir con Nuestro Señor... — Y un leve crujir de algunas piedras desviaron la atención de Adrian a la entrada del templo (o lo que queda de ella).
Recargado contra la puerta a punto de caerse, estaba un chico de aproximadamente 13 años, más alto que Adrían. Su cabello era un poco largo, tocaba sus hombros, vestía ropas extrañas, usaba una tunica un poco amarillenta, un cordon grueso amarrado como si fuera cinto y andab en sandalias. Esta apariencia era extraña para Adrian.
— Así que quieres ir a la Montaña — Dijo el chico desconocido
— Si... pero quien eres tu. Mi nombre es Adrian. Cómo sabes que quiero ir a la montaña?
— Acabas de mencionarlo. Vamos, yo te acompaño
— Aun no me has dicho tu nombre — Adrian caminó por el centro de la capilla de nuevo para encontrarse con aquel chico sumamente extraño que le pedia acompañarlo.
— "Yo Soy" llamame así — y unas pequeñas risas salieron de Adrian, quien no habpia podido hacerlo desde el momento en que perdió a su padre
— Qué chistoso nombre
— Es bueno para hacer reir a la gente que se siente triste... dime... como piensas llegar hasta la montaña?
— Tengo esto — y Adrian sacó la moneda de su bolsa del pantalón desgastado
— Esto será suficiente — Dijo Yo Soy — Tienes lo necesario para llegar a la montaña
Yo Soy comenzó a caminar a las calles cubiertas de escombro, al notar que Adrian no lo seguía, se detuvo y lo miró de una manera que Adrian sólo había visto en los ojos de su padre. Adrian se apresuró a estar con el chico y este le devolvió su moneda.
— Necesitarás mas que dinero para poder llegar a la Montaña, pues los servicios de tranporte fueron suspendidos — dijo Yo Soy — Necesitaras fuerzas, necesitaras paciencia, pero sobre todo, necesitarás Fe.
— Tengo Fe en que Dios me ayudará con esto — contestó Adrina sin preocupaciones
— En esta región en la que has vivido siempre has estado rodeado por el mar, el mar es un estilo de vida para todos los que habitan esta región, incluso para ti. A donde vamos no hay mar, sino todo lo contrario... vamos a una montaña! Esa fe es necesaria
— Tengo Fe en que Dios me ayudará con esto también — contestó de nuevo Adrian sin vacilar
— De verdad quieres llegar a la Montaña. Bien, como te lo dije, seré tu acompañante si me quieres a tu lado, te ayudaré a resitir este cambio de regiones y de costumbres y a conseguir comida suficiente. Estas de acuerdo?
— Claro, un acompañante me vendrá bien. Pero antes de irnos debemos ir con mi catequista, ella me hablaba de Dios y de Jesús... tu ibas al catecismo?
— Digamos que si
Los dos chicos caminaron por las solitarias calles, llenas de escombros de los edificios que sucumbieron ante el dolor y la tristeza. El cielo gris, presajiando una lluvia que nunca cae, y las miradas perdidas de algunos transeuntes que creen volverse locos al ver al hijo del predicador hablando solo.